¿Cómo perder y recuperar la motivación?

Hace justo un mes de la última publicación y, por fin, me animo a volver a escribir. En este mes han sucedido varias cosas, positivas y negativas, que han hecho que perdiera la motivación y que también la volviera a recuperar.

Hace un mes compartía la previa para el Half La Rioja, os hablaba de mis intenciones para esa prueba, pero no había vuelto a comentar nada. No es que me pasara nada, afortunadamente estoy bien y pude acabarlo, pero tras esa prueba sucedió algo que nunca me había ocurrido.

Tras completar mi tercer half en 9 meses, el segundo en 3 meses, brotó en mí una sensación totalmente desconocida. A pesar de las felicitaciones de mi pareja y mi entrenador allí presentes, me encontraba insatisfecho, vacío y nada contento. La prueba transcurrió normal, con sus partes buenas y sus partes no tan buenas. Sin embargo, tras el subidón al cruzar la meta, surgió en mí un sentimiento de insatisfacción tremendo. 

Las semanas después del Half La Rioja han sido raras. La semana inmediatamente después seguí entrenando, sin muchas ganas pero con la idea de recuperar el cuerpo y la mente. El cuerpo se fue recuperando pero la mente seguía rara, no lograba comprender porque me sentía así. Tampoco miraba al horizonte con ganas, a pesar de tener algún objetivo a medio plazo para lo que resta temporada. 

La siguiente semana, con la excusa de que me vacunaron del COVID el lunes, hasta dejé de entrenar. En dos años y pico, apenas había fallado en un par de entrenos, y todos por lesión. El cuerpo estaba recuperado, pero la mente me pedía un parón. Las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina y la mente ya estaba de vacaciones deportivas. No es que estuviera con secuelas por la vacunación, es que simplemente, necesitaba parar. Por suerte, me había planificado un pequeño reto para mi primer día de vacaciones. Ir hasta el pueblo de mi pareja en bici. El pueblo es Quintanar de la Sierra, en Burgos, y hay varias opciones para ir. Elegí la opción más desnivel acumulado, pero la más corta y con menos tráfico. Total, 219km con +2776m, casi nada. Lo máximo que había hecho entrenando habían sido 130km con +1500m, prácticamente la mitad.

El viaje me lo planteé para ir sin prisas, solo con ganas de resetear la mente y de disfrutar de la ruta. Salí de Bilbao pronto, a las 6:15 de la mañana, con una lluvia fina que me acompañaría hasta Orduña. Allí dejó de llover y poco a poco fue mejorando el día, hasta tener un cielo totalmente despejado llegando a Miranda de Ebro. En Haro tocó el primer descanso largo para comer un par de pintxos. Entre Haro y Baños del Río Tobia transcurrió la parte más pestosa, con un sol de justicia y sin una sombra a la que arrimarse. Fue el tramo más desagradable y en el que menos disfruté. Me vino de lujo un pequeño descanso en Azofra para recargar bidones y mojarme la cabeza. Eran cerca de la 1 de la tarde y quedaba lo más duro de la ruta. En Anguiano, a 60km de meta, tocó la segunda parada larga, para tomar otros dos pintxos. Con las pilas cargadas, puse rumbo hacia Neila, previo paso por Mansilla de la Sierra. Un recorrido más llevadero por las sombras, aunque con una carretera bacheada que no le iba nada bien a mi cansancio. 

La subida a Neila, de 12km, fue larga pero supe tomármelo con filosofía. Cadencia alta y eliminando curvas. Cada curva, una victoria. Tras Neila tocaban un par de kilómetros más hasta el Collado de Neila. 2km al 7% que los hice con una tremenda sonrisa, sabía que lo tenía a punto. Hacer cima, foto de rigor y bajada hasta casa riendo y hasta gritando de la emoción. 

En total, 9h12min de ruta (10h39min con descansos) en los que pude resetear mi mente por completo. Tras el Half La Rioja perdí totalmente la perspectiva. Pasé de quedarme con las pequeñas mejoras a pensar que era “un half más”, y eso me dejaba una sensación de vacío terrible. Y pienso que es lo que me puede minar la moral a futuro, perder el sentido de las cosas y el por qué de todas las horas de entrenamiento.

No tiene sentido que le dedique 7, 8 o hasta 10 horas semanales a un deporte para que, tras una carrera, acabe mal. Que sí, que se deberían ver resultados, pero para verlos, hay que orientar correctamente el trabajo. Y para eso me vino genial, para responder a las preguntas que me había planteado mi entrenador sobre qué pensaba que tenía que mejorar, olvidarme de objetivos de carreras, de ritmos y de vatios, y orientar mis preguntas hacia lo esencial. ¿En qué pienso que necesito mejorar? 

Responder a estas preguntas, tras vaciar la mente, me han hecho recuperar la motivación. Ya tengo unos pequeños objetivos en los que centrar los entrenamientos de cada día. 

Es normal que, tras una temporada cumpliendo, se toque fondo. Lo importante es saber reponerse y volver a la senda correcta. Salir cuanto antes del pozo para no ahogarse. Cuando llegue una racha de bajón, o tras cumplir algún objetivo importante, os recomiendo hacer alguna ruta larga en solitario, que os sirva de introspección. Creo que os ayudará a haceros preguntas, a responderlas y a volver con más fuerza, ganas y motivación. De esa ruta que hice, además de respuestas a las preguntas, también apareció un nuevo objetivo para la próxima temporada. Pero eso lo dejamos para otra publicación.

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