Crónica I ZuiaDu

Han pasado ya 3 días desde que participé en la 1ª edición del ZuiaDu y ya ha habido tiempo suficiente para asimilar todo lo vivido. Creo que es mejor hacer este tipo de reflexiones con cierto tiempo para darle un poco de perspectiva, pero sin dormirse en los laureles.

Como os decía en la previa, iba a ser mi debut en duatlón. Me daba mucho respeto ya que no me considero un triatleta rápido, creo que me van mejor los ritmos más llevaderos, no tengo unas condiciones “explosivas”. Además, avecinaba calor, lo cual tampoco me va del todo bien. Si me dan a elegir, prefiero frío.

Los días previos los pasé muy acojonado, con mil dudas de si iba a ser capaz de acabarlo. El half de Peñíscola estaba reciente y me daba miedo reventar. Tampoco encontraba nada a lo que aferrarme, aunque conociera el recorrido. Mi entrenador me intentaba tranquilizar, él tiene experiencia pero aún así, me empeñaba en estar atacado.

Llegaba el sábado, desayuno potente según lo pautado con mi nutricionista, y rumbo a Zuia. Risas en el viaje para destensar y nos ponemos con los preparativos. Debido a los protocolos COVID, hay que llegar con bastante margen. Me viene muy bien esto, me gusta ser organizado y me gusta que lo que me rodea lo esté. Comer arrocito preparado del día anterior y ya concentrado, repasando la estrategia de carrera.

La parte negativa del protocolo COVID fue tener que esperar 20 minutos en el box para salir, para más inri al sol. Pillamos una buena tostada y ni habíamos empezado. Dio tiempo a los típicos vaciles… yo voy fatal, a mi me duele aquí, a mi en no sé dónde… La verdad es que me encantan esas chorradas.

Nos empezamos a acercar al arco de salida y ya no hay vuelta atrás. Arranco con la idea en la cabeza de no calentarme, dejo ir a la gente que sale muy fuerte (a pesar de ser de ritmos parecidos, en teoría). Voy a hacer mi carrera, lo primero es ir tomando sensaciones y después ir controlando el ritmo. Me quedo prácticamente solo, viene gente por detrás pero me pasan. Me gusta quedarme solo e ir a mi bola. Voy ajustando el ritmo poco a poco, rondando los 5:10, al ser un recorrido variable se va moviendo pero sin dispararse. Empiezo a notar el calor y en el km7 paso por el avituallamiento. Un txupito de agua y el resto, por encima. Y sigo. Empiezan a pasarme las primeras chicas, disfrutando del nivelón. ¡Qué facilidad para correr así de rápido! A punto de empezar la 2ª vuelta me pasan los primeros chicos, gracias a ellos me refrigeré un poco. ¡Volaban! Me lo tomaba con filosofía, sin salirme del guión. Acabé los 14km a 5:09, según lo marcado, tal vez un poco más rápido. Aún así, de los 234 que acabamos la prueba, hice el tiempo 223. El pulso, altito, a 171ppm de media. 

Transición sin pegas y me puse a darle a la cabra. Tras un inicio tirando hacia arriba, me encontré de morros con el muro de Aiurdin. ¡No lo recordaba tan duro! Pero sin ponerme nervioso, quería ir a unos 200W de media y, sobretodo, cadencia alta. Empiezo bien, ágil en las subidas y aguantando acoplado en los llanos. Con la idea clara también de no olvidarme de comer ni hidratarme. El calor empieza a hacer mella y bebo más de lo pensado. Además, en la primera pasada por el avituallamiento pasé de largo. Había caravana y no quería parar mucho para no perder el ritmo. Los repechos terminan por colocarme en un lugar con varios participantes que les veo de mi estilo, pienso que no va mal la cosa. Acabando la 1ª vuelta me doy cuenta de que voy con los calcetines de invierno y me empiezo a rayar. Noto que se duerme el pie izquierdo, aprovecho para soltarlo de las calas en las bajadas. Pero no voy, no me siento cómodo. En mi cabeza, parar en el avituallamiento, llenar agua y seguir. Hasta pensaba en quitarme los calcetines. Pero, ¡oh, sorpresa!. En el avituallamiento no hay agua, pregunto por hielos y la voluntaria me dice que sí, que si me atrevo… Pues sí, es vital. Me queda solo un bidón con isotónico, así que lo lleno con hielos. Se derritieron en nada y me supo a gloria. Llegando a Acosta me encuentro con un oficial que está dando agua de una garrafa. Paro, relleno el bidón grande y a seguir. A pesar de las paradas y del bajón, me sigo viendo en el mismo grupo, así que aprovecho para seguir hidratándome. Me agarro a esto para llegar a Zuia y hacer la transición. No acabé contento con el resultado, 192W y 77rpm de cadencia. Muy mejorable, aunque la 2ª vuelta fue un sálvese quien pueda. Hago el parcial 217 de los 234 que acabamos, flojito.

Dejo la bici, me pongo las gafas pero… ¡oh, sorpresa! Se “ha perdido” la cinta del pelo. 2 de 2, siempre se “me pierden” cosas en los boxes. Me calzo y a correr. Primer kilómetro para chequear daños e hidratarme. Noto los cuádriceps que me pinchan, sensación totalmente nueva. ¡Pero qué es este dolor! Me centro en buscar una cadencia alta y un ritmo algo mejor que el primer segmento. Los primeros 3km invitan a esto, voy a unos 5:00min/km y adelanto a varios participantes. En el km 3,5 aparece un pedazo muro de unos 200m que me pone en mi sitio aunque me acerca a otros. Aunque el ritmo baja a unos 5:10min/km, veo a gente cerca y me animo a ir a por ellos. Los cuádriceps pinchan, pero aquí hemos venido a jugar. Si reviento, que sea lo más cerca de meta. Les voy cazando y me animo a ir a por el siguiente. Me vengo tan arriba que, viendo que llegaba a Zuia, hago el último km a 4:30. Calentada de las buenas, pero muy satisfactoria. Consigo acabar a 5:05min/km, el parcial 143 de todos los que acabamos. Contentísimo, he vuelto a hacer una carrera de menos a más y acabando con traca final. Tiempo final, como un reloj, 4:29:56. Pensaba hacer entorno a las 4:30:00.

Mucho que aprender, fue un duatlón con mucha enseñanza. Que no falte nunca agua, revisar bien el material que llevas teniendo en cuenta el tiempo que va a hacer. Aunque también me quedo con que supe adaptarme y tener cabeza fría para no rendirme. Ojo, que de los 360 participantes, acabamos 234. No acabó el 35%. Los que saben de esto dicen que es un porcentaje elevado. Aún así, felicitar a la organización de ZuiaDu por sacar adelante la prueba.

En lo personal, una semana para recuperar y a por el siguiente objetivo, ¡Half Logroño!

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