Crónica IX Infinitri Half Peñíscola

Tras un par de días para asimilar el viaje y volver a la realidad, me animo a compartir mi crónica personal sobre el IX Infinitri Half de Peñíscola, prueba en la que tuve la suerte de participar el pasado domingo. Se trataba de mi 2ª participación en este tipo de prueba tras el Half de Bilbao de septiembre de 2020.

Siendo la prueba el domingo por la mañana, y habiendo que hacer el check-in de la bicicleta el sábado, decidí viajar el viernes después de comer. Tuve la suerte de que mi entrenador se animó a acompañarme, así también podría coincidir con otros de sus pupilos que también iban a participar. Ir acompañado es un factor que creo que a veces no se valora, pero que es algo muy a tener en cuenta. Principalmente si se viaja con antelación y puede que haya “horas muertas”, y también porque siempre es bueno tener alguien que en quien apoyarse para que no se olvide nada, compañía para conducir, … Son muchos los factores por los que es bueno ir acompañado.

El hotel, gestionado a través de la organización, sin pegas. Abierto para la ocasión, con buena restauración y con SPA, que no pudimos probar (habrá que volver cuando todo vuelva a la normalidad). Se adaptaron a los horarios para que tanto participantes como acompañantes estuviéramos cómodos.

Fue llegar al hotel, volver a repasar el material, y empezar a aflorar los nervios. Todo estaba en orden, pero también había nervios. Aunque haya entrenado bien (Training Peaks verde esmeralda), aunque haya revisado todo 5 veces, me pongo muy nervioso. Cuando era entrenador me pasaba lo mismo, pero con el triatlón no lo entiendo. Aquí una gran parte del éxito depende de mí. Si has trabajado, si has revisado todo, si lo tienes claro, ¿a qué vienen los nervios? MISTERIO.

El sábado lo aprovechamos para reconocer el circuito de ciclismo en coche, un pequeño chapuzón para ver la salida del agua (¡qué fría estaba!) y hacer la activación corriendo por el circuito de la prueba. Bromeaba con los compañeros por la referencia del castillo, que sí, que estaba lejos, pero a mí me vino genial. La broma la recordé muchas veces durante la carrera y ayudó mucho.

El domingo, diana a las 5:15 y a desayunar haciendo el ninja por la habitación para no despertar a mi compañero. Cargar el depósito, vestirse y dirigirse a la transición. Estaba acojonado, siempre me pasa. Por mucho que haya evolucionado (tengo pendiente contaros mucho sobre esto), por mucho que haya mejorado la bici, me siento como un equipo de barrio jugando la Champions League. ¡Qué cojones pintas aquí, Pablo! ¡Si son todos unos bestias! ¡Pero qué pedazo bicis!

Tras dejar todo en su sitio, salgo de la zona de transición y empiezo a prepararme para la salida. Esta vez sí, me coloco bien el neopreno para poder sacarlo más rápido, ¡bien Pablo, bien! Nos distribuyen por cajones de salida en función del tiempo estimado, apenas se puede calentar, pero ya voy calentito. La gente dice que hace frío, pero yo ni siento ni padezco. Las salidas se hacen de 4 en 4, voy dejando pasar a tanta gente que salgo el último de mi grupo. Al ser salida tipo rolling start tampoco importa, aunque me vino bien para ir tranquilo y no pegarme con nadie. No me gusta nada pegarme con otros triatletas, prefiero ir en modo avión, solamente siendo consciente de mis sensaciones y de no perder la referencia de la siguiente boya. Lo consigo, según el GPS no hice metros de más. Conseguí mejorar un poco el ritmo con respecto a Bilbao, de 1:48 a 1:45, tal vez pude haber apretado un poco más, pero suelo pecar de reservón. La salida del agua se me hizo eterna y me agobié, muchos metros andando con el agua por las piernas.

Llegaba a la temida T1, en Bilbao casi estuve 10 minutos, y en Peñíscola rondé los 6. Sigue siendo lento y muy mejorable. Aunque estoy contento porque me quité rápido el neopreno, pero me enredé con los calcetines. Me tengo que poner en serio con esto.

El sector de ciclismo fue de menos a más, principalmente porque los 10km del enlace y los primeros 18km de la 1ª vuelta fueron con viento en contra y tirando hacia arriba. No quise calentarme, fui pendiente de los vatios y haciendo mi carrera. Luego he visto que perdí unos 150 puestos en la bici, aunque por los vatios y velocidad media, creo que hice buena carrera y mi rendimiento me puso en mi lugar. No es que hiciera mala bici, es lo que hay. Seguiremos entrenando. No quise arriesgar en las bajadas y en las curvas, la carretera estaba mojada ya que llovía a ratos. Disfruté mucho, me pareció un recorrido divertido en el que pude estrenar la cabra a gusto. La única pega, los listos que chupan rueda. Vale que lo hagas, aún estando mal. Pero al menos, unas palabritas de ánimo cuando me sueltas. Una sola parada para la meadita de rigor justo antes de lanzarme para volar dirección a Peñíscola. En definitiva, acabé contento, 90km a 30km/h de media, con 211W normalizados.

Tras una T2 rápida, sin pegas y a correr. Según arranco, dudas y acojono. Me duelen un montón las pantorillas y una planta del pie medio dormida. Me acuerdo del calcetín que me había puesto mal. Pensamientos negativos aflorando… ¡a dónde vas! ¡Qué te quedan 21k! ¡A sufrir como en Bilbao! Pero me dura poco, el objetivo principal era acabar disfrutando de la carrera y me centré en eso. Cadencia alta y a sonreír. Mentiría si os dijera que la 1ª vuelta no lo pasé mal. Pero tuve paciencia, vi que, a pesar de ir con dolores, conseguía ir a un ritmo de 5:15 – 5:25. Esto me daba esperanzas. Primer encuentro con mi entrenador, no sé si me miente, pero me dice que me ve bien. Empiezo la 2ª vuelta con calma, los dolores empiezan a desaparecer, como un poco, también me meto el último gel y ya sí empiezo a disfrutar. Controlando, la ida del circuito pegaba con viento en contra y no queremos pagarlo. Vuelvo y confirmo la mejoría. Arranco la 3ª vuelta con la idea de apretar los últimos 4km. Lo intento y puedo. Empiezo a adelantar a gente, no me lo creo. Es la 1ª vez que adelanto a gente, voy pasando a más participantes, me siento en una nube. Llego al casco antiguo, me crezco vacilando a la gente que está en las terrazas. Sorpresita final con las escaleras en las que veo las estrellas (a dónde vas flipado subiendo de 2 en 2), saludo y agradecimiento al entrenador, y meta. La carrera la acabo a 5:13, 5 segundos mejor que en Bilbao y yendo de menos a más.

Todo ha salido a pedir de Milhouse. El viaje, la compañía, la organización y la competición ha sido geniales y estoy en una nube. Ahora toca descansar un poco, pero sin despistarse, el 8 de mayo llega el duatlón de Zuia. Nunca he hecho un duatlón y me apunto a uno de media distancia. Bien Pablo, bien. Pero bueno, esto os lo contaré en el siguiente artículo.

 

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4 Responses
  • Verónica
    abril 27, 2021

    Deseando estoy de leer el capítulo de Zuia!!!

  • Javo
    abril 28, 2021

    Enhorabuena por la carrera y un placer coincidir! Estoy seguro que con la constancia y el entrenador que tienes seguirás mejorando ;P

    • pagonfe@gmail.com
      abril 29, 2021

      Gracias!! El placer fue mutuo. Espero seguir en la línea y continuar progresando. A seguir dándole duro, la temporada acaba de empezar 😉

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