¿De dónde vengo? Capítulo 1

Después de 3 semanas intensas con 2 carreras en apenas 14 días, creo que es un buen momento para que os empiece a contar cómo empecé a practicar triatlón. Pienso que es un buen ejercicio mirar hacia atrás de vez en cuando, ver dónde estaba hace unos años, ser consciente de los progresos realizados y, en definitiva, hacer un pequeño balance de situación.

Para empezar, os voy a contar con qué ocupaba mi tiempo antes de dedicarlo al triatlón y la cocina. Hace 3 años por estas fechas había decidido dejar de entrenar a balonmano. Llevaba 15 años entrenando equipos, a todos los niveles, pero había llegado a una situación en la que ya no disfrutaba de lo que hacía. El rédito del tiempo dedicado salía muy negativo y era momento de cambiar. Las temporadas anteriores el vaso había acabado muy rebosante, pero te convences de que puedes cambiar la situación. También te aferras a las amistades cultivadas durante esos años, que aún se conservan, pero que te animan a no querer distanciarte de ese estilo de vida.

Hablando de amistades, las de toda la vida, me habían animado a hacer algo de deporte. Nos habíamos animado a hacer el Camino de Santiago en bici, y para ello había que estar en forma. Desde enero de 2018 estaba yendo habitualmente al gimnasio a hacer actividades de cardio (spinning, body pump, body combat, …). Sin supervisión ni guiarme por nadie, autogestión. El hecho de estar bastante estresado en el trabajo y que ya estaba totalmente desmotivado con el balonmano, creo que provocaron que empezara a meter más horas en el gimnasio, doblando clases, haciendo por ir y dejando de ponerme excusas. Había encontrado una pequeña motivación y tenía un objetivo a corto plazo. Las clases estaban bien, me desconectaban de todo y notaba que no encontraba mejor. Eran divertidas, la música siempre me ha ayudado, para todo. Conducir, estudiar, concentrarme, así que para el deporte no iba a ser diferente.

Sin embargo, venía de tener una vida muy sedentaria. Midiendo 178, estaba cerca de los 110kg. Había bajado algo (llegué a estar en 117), pero no conseguía encauzar mi dieta. Pero bueno, sobre el cambio físico os hablaré en otra ocasión. Os contaré por qué creo que es bueno apoyarse en un profesional para este tipo de cambios.

Tras acabar la temporada, vino el Camino de Santiago. Este viaje supuso un cambio radical en mi manera de ver el deporte. Uno de mis amigos se dedicaba (y dedica) al triatlón y me animó a probar. Tras el viaje, durante el verano, empecé a entrenar las 3 disciplinas, poco a poco. Sin referencias ni supervisión. Mi amigo me orientaba un poco. Siempre he sido un enamorado del deporte, me encantaba verlo, aunque no lo había practicado mucho. Si que había participado en alguna carrera popular, pero sin entrenar. Esto provocaba que, después de participar, pasase largas temporadas sin apenas hacer deporte.

El simple hecho de hacer más deporte, aún no teniendo una dieta saludable, hizo que bajara poco a poco de peso. Me veía bien, con ganas. En el plano personal, me sentía más feliz y también motivado. Con esta situación, me animé a hacer mi primer triatlón, el Supersprint de Sestao.

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