Vuelta al cole

Tras un verano desconectado del blog, pero no de los entrenamientos, vuelvo a asomarme a este espacio. En esta ocasión, debido al triatlón distancia sprint de Sestao en el que participaré este próximo domingo, me apetece recordar mi primer triatlón, que fue también en Sestao hace 3 años. También me hace mucha ilusión participar en este triatlón ya que será la 1ª vez que coincida con mi amigo Imanol, quien fue la persona que me animó a probar con este deporte.

Recuerdo que hace 3 años ya había empezado a dejar la vida sedentaria y llevaba desde enero yendo al gimnasio a hacer actividades de cardio de todo tipo. Hacía spinning, body pump, body combat, x-core, de todo. Poco a poco le fui cogiendo gusto y hasta hacía 2 clases seguidas. Sin pautas ni estar guiado por nadie. Solamente por buscar una vida más saludable. También ese verano hice el Camino de Santiago en MTB desde Burgos, en 8 etapas. No fue ninguna proeza, pero acabarlo sin sufrir me terminó de animar a participar en el triatlón.

Apenas había nadado en mi vida, mucho menos en aguas abiertas. Lo poco que había nadado en el colegio y algo durante ese verano. Bicicleta, en MTB menos de 10 salidas por Bizkaia, y el Camino de Santiago. Y correr, muy poco también. 4-5 salidas sin pautas.

Con esta base me presenté al triatlón supersprint. Ni siquiera tenía un tritraje, tuve que comprarlo esa misma semana. Las distancias que recorrer eran 300m de natación, 9km de bici y 1,7km de carrera a pié. Era una prueba popular, por lo que se permitía ir con MTB.

Me planté en La Benedicta con muchísimos nervios, unas pintas tremendas y con muy poca idea de lo que había que hacer. Ni si quiera había asistido como público a un triatlón. Menos mal que vino a acompañarme mi amigo Imanol para darme consejos, tranquilizarme y hacerme un repaso rápido de las normas básicas. Recuerdo perfectamente los nervios que tenía al verme en el muelle, con el Puente Colgante de fondo, a punto de tirarme al agua. Asomaban muchos miedos, las boyas me parecían que estaban lejísimos y a mi alrededor solo veía gente preparadísima. Tenía la sensación de que no pintaba nada ahí.

Tras el bocinazo, tardé un poco en meterme al agua, no quería agobiarme con los golpes. Se me hizo complicado orientarme, tenía nula experiencia nadando fuera de la piscina. El giro en la boya también fue un poco ridículo, me enganché con la cuerda… Estaba atacado de los nervios.

Salir del agua fue una liberación, escuchar los ánimos de Imanol mientras subía por el muelle fue un chute de adrenalina. La transición fue lenta, me costó orientarme también aquí e iba con mucha cautela para no cometer ninguna infracción. Solo pensaba, “no la líes, Pablo”. Después no pocos apuros para subirme a la MTB, arranqué el sector de bici con muchas ganas. Aunque solo veía bicis de carretera adelantarme y doblarme. Pero tenía mejores sensaciones. El recorrido era totalmente llano, con giros amplios sin riesgos. Iba quitando los nervios y cada vez más alegre.

La bajada de la bici fue también delicada, casi me paso de la zona limitada. Transición más tranquila, me orienté mejor. Y salí a correr con muchísima energía. Tanta que hice un parcial de carrera a pie impresionante para mi nivel por aquel entonces.

Recuerdo con mucho orgullo la llegada a meta, la alfombra roja con mucha gente en el pasillo animando. Ver el tiempo que había hecho me llenó de orgullo y recibir las felicitaciones de Imanol me hizo sentir una satisfacción enorme.

Este domingo vuelvo a participar en el triatlón de Sestao, en esta ocasión en distancia sprint y con dos objetivos claros:

  • Disfrutar del primer triatlón en el que participo con Imanol
  • Coger el puntillo de cara al Half de Bilbao de la próxima semana

 

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